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Reto "Punto de encuentro"

Llevaba siglos diciendo que algún día terminaría los Retos de la Dotación que no pude hacer por falta de tiempo (Facultad, te odio). Ahora en verano me he puesto del tirón, ya que está Dotación termina y voy a empezar otra.

Esté reto debería haberse subido entre el 27 de enero y el 10 de febrero del 2010.

Dotación Anual de Crack

Comunidad: crack_and_roll 
Reto: Punto de encuentro
Fandom: Yu-Gi-Oh
Claim: Jouno/Yugi, Kaiba/Jouno, Honda/Otogi y Mokuba/Pegasus. Mención leve a Yugi/Anzu y Yugi/Atem.
Título: Funny Kaibaland
Palabras: 2.930
Summary: A veces el destino te hace coincidir con quienes menos quieres ver, en el sitio menos inesperado.
Advertencia: Me baso sobre todo en el manga, no en el anime. Y hay cosas bastante diferentes.



 

If you can't get rid of the skeleton in your closet, you'd best teach it to dance”

George Bernard Shaw

 

Funny Kaibaland      

 

-¡Jouno!- Yugi agita su mano para indicar su posición. Es tan bajo que apenas resalta entre el gentío.

El rubio trota hacía él, medio ahogado.

-Lo… siento… mi… trabajo… llego… tarde…

-Respira, Jouno-kun, respira- Ríe el pequeño. –No tienes que matarte, no llevaba tanto tiempo esperando.

 

El rubio sonríe y se inclina para besarlo. Es todo un poco incómodo, así que termina posando sus labios en la frente del pequeño.

Al fin de cuentas, Yugi y él no llevan saliendo más que unas pocas semanas. Y el letrero de “Mejores amigos” brillaba aun en sus frentes. Es muy difícil ser cariñoso con una persona a la que consideras casi tu hermano. Pero oye, se podía lograr si se intentaba.

 

Al fin y al cabo, ambos necesitaban esa relación. Necesitaban el cariño, la compañía. Todo había resultado mucho más solitario para el pequeño Motou desde que… Atem se había ido. Anzu fue la que ocupó ese hueco durante un tiempo en la vida de Yugi, pero ahora la chica está en Nueva York, cumpliendo sus sueños de ser bailarina.

 

Y Jouno… bueno, él solo necesitaba alejarse de relaciones destructivas. Que no llevaban a nada. Que destruían su corazón sin recibir nada a cambio. Con Yugi Jouno recibe un abrazo, un sentimiento de alegría. Más que suficiente.

 

-¿Crees que nos encontraremos con Kaiba?- Le pregunta el más pequeño, mientras se dirigen a comprar la entrada para el mayor parque de Domino City. Kaibaland. Sólo con oír el nombre, Katsuya siente estremecerse.

-Espero que no- Intenta esconder el nerviosismo de su voz. –Además, el Rey nunca baja de su palacio a pasear con el pueblo llano.

 

Se gira para observar la torre más alta de la ciudad, la de la corporación Kaiba. Sabe perfectamente que Seto estará encerrado en su despacho, firmando importantes contratos multimillonarios. ¿En que lugar podría estar si no? En realidad encontrárselo ahí (en un parque de atracciones) es lo más improbable del mundo.

 

Y Jouno lo desea fervientemente.

 

[-----------------------]

 

Si Seto no fuera tan paranoico se le habría escapado esa oportunidad. Cuando estaba preparando el Death-T no quería que ni Yugi ni sus amigos se enteraran antes de tiempo, así que dio ordenes a todos sus empleados de que si cualquiera de ellos entraba a alguna de las instalaciones de Kaiba Corp, se lo notificaran de inmediato. Claro, con el inesperado final del Death-T, sus seis meses de coma y el secuestro de Mokuba, revocar esa orden era algo que se le había pasado por alto.

 

Por eso cuando Yugi y Katsuya entran a su parque de atracciones (su parque de atracciones. Kaibaland. Por favor, ¿cómo se les ocurre tener una cita en su parque de atracciones?) Seto se entera a los cinco minutos.

 

Y no va a dejar escapar esta oportunidad. Katsuya lleva evitándolo un mes. Un mes. No le contesta las llamadas (sí, las dos llamadas que tuvo la molestia de realizar por ese perro). Tuvo que enterarse por Mokuba que ahora estaba en una… relación… algo así como romántica con Yugi Motou. Inaceptable.

 

Así que deja al margen todo el papeleo que tiene en su despacho y se va hacia Kaibaland. Si de verdad el perro cree que puede abandonarlo cuando a él le de la gana está muy equivocado. Esto sólo se acaba cuando lo dice él.

Ignora los saludos de sus empleados y las miradas de horror que tienen ante su presencia. Sólo le importa encontrar a la estúpida pareja.

 

Le informan que se han subido en la Casa del Ilusionista, que es como una casa de espejos. Por supuesto, no es una insulsa atracción de feria con cuatro espejos abombados. Es un laberinto de espejos, con ilusiones holográficas y con cuatro niveles de dificultad. Él mismo lo diseñó.

Por eso se conoce todos los atajos. De memoria.

 

Cuando los ve acercarse (riendo como idiotas. Idiotas profundos. Lerdos, palurdos, imbéciles) sólo debe esperar en una esquina. Agarra a Katsuya por un brazo y le tapa la boca, dejando que Yugi siga avanzando sin darse cuenta de nada.

-¡Estás loco!- Le grita cuando le suelta. O más bien cuando se suelta clavándole un codo en el estómago. Estúpido perro, siempre mordiendo.

-¿Por qué estás saliendo con Motou?

-Oh, perdona por arrastrarte a este pasillo oscuro, Jounoichi.

-¿Por qué estás saliendo con Motou?- Gruñe. Realmente no está para las ironías de Katsuya.

-A ti que te importa.

-Porque estás en una relación conmigo.

 

Jouno lo mira sorprendido. Luego se ríe amargamente. A Seto casi (sólo casi) se le eriza el vello de la nuca con ese sonido.

-No tengo una relación contigo. Nunca hemos tenido una jodida relación. Sólo estuve entrando y saliendo de tu cama unas semanas. Sólo eso. Nada más.

 

Seto no sabe que más parecía anhelar el rubio. La verdad que sus palabras resumían bastante bien la relación que habían mantenido. Porque para él eso era una relación. La que más le había durado, además. Y la única, además.

-No soy de tu propiedad, Kaiba. No soy uno de tus proyectos. No soy como este parque de atracciones. Yo hago lo que me da la gana.- Le bufa con veneno, y se larga para buscar a Yugi entre las paredes de espejo.

 

¿Qué no es de su propiedad? Bueno, perro, eso ya se vería.

 

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Honda creía firmemente que venir a Kaibaland era una buena idea. Ryuuji llevaba gruñendo por ir a dar una vuelta a algún lado los dos solos desde que rompió con Shizuna (Al parecer, que rompiera con la hermana de su mejor amigo y dejara la relación con el mismo algo tirante no era una prueba fehaciente de su amor para alguien como Ryuuji Otogi). Honda no quería que Jouno supiera que había roto el corazón de su hermanita por salir con Ryuuji. Sabía que algún día tendría que contárselo, pero quería dejar algo de tiempo para que no intentara sacarle los ojos con una cucharilla de café.

 

Por eso Kaibalan era el lugar indicado, porque era de Kaiba. Y Jouno no se acercaba a nada que tuviera que ver con Seto Kaiba ni aunque su vida dependiera de ello.

 

Así que casi no puede creer lo que ven sus ojos cuando ve a Yugi y a Jonuo en la cola de la Casa del Ilusionista.

-¡Mierda!

-¿Qué pasa?- Pregunta el moreno, escaneándolo todo con sus ojos verdes.

-Ellos pasan.- Dice señalando a la pareja, que estaba a punto de entrar en la atracción.

-¡Oh, Yugi, Jouno!- Les llama. O lo intenta, pero al segundo siguiente Hiroto lo ha empujado hasta quedar detrás de una fuente.

-¡¿Estás loco?!- Le sisea muy cerca de su oreja. Lo tiene inmovilizado rodeándole con sus brazos por detrás. La verdad es que Otogi no se siente muy incómodo con eso. -¿Qué le diremos si nos ven juntos en un lugar como este?

-¿Que somos pareja desde hace tres semanas y que nadie lo sabe porque eres un mono cobarde?- Sonríe con petulancia.

-A veces te odio.

-No es verdad.

 

Honda también odia que tenga razón. Otogi consigue mangonearlo como un idiota, pero no puede enfadarse con él. Mucho, al menos.

-No pueden vernos, ¿entendido? Porque si Jouno se entera, va a arrancarme la cabeza. La cabeza que a ti te gusta.

El moreno bufa, casi indignado ante el doble sentido de sus palabras, pero no puede controlar del todo el sonrojo que le cubre la cara. Además, debe admitir que él tuvo la culpa de que Hiro se encontrara en una situación tan tensa, ya que hizo todo lo posible porque rompiera con Shizuka.

No que se arrepienta de ello. Ryuuji Otogi siempre consigue lo que quiere. Y cuando se dio cuenta de que quería a Honda (aunque no sabe muy bien porque, porque es terriblemente estúpido y se pelean la mitad del tiempo) no paró hasta que lo consiguió. Pero Honda no quiso meterle en problemas, así que nunca habló de él cuando explicó sus motivos para romper con la hermana de Katsuya.

-De acuerdo, de acuerdo- Accede, cuando el pinchazo de la culpa se hace demasiado molesto. –Iremos al otro lado del parque. Este sitio es enorme, no creo que nos volvamos a cruzar con ellos.

 

Cuan equivocado estaba.

 

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Mokuba se encuentra algo preocupado. Los empleados del parque no paran de hablar sobre que Seto Kaiba en persona está allí, temiendo que eso sea una revisión sorpresa que ponga en peligro sus trabajos. No puede creerse que su hermano haya decidido, entre todos los días del año, precisamente ese. Pero conociéndolo, seguramente no salga de la sala de control de las atracciones.

 

Con suerte, ni se enterará de que él está ahí.

Esperando a alguien.

 

-No llego muy tarde, ¿verdad? No encontraba la plaza principal- Dicen a su espalda con voz suave.

Mokuba se gira para verlo y la cara se le ilumina con una sonrisa.

-¡No importa! Pero la próxima vez quedaremos en la entrada.- Le agarra de la mano (que es más grande que la suya) y tira del hombre con brío. -¡Vamos, vamos! Hace poco que ampliamos el parque y hay tres montañas rusas nuevas. La del Dragón Blanco de Ojos Azules, la del Dragón Negro de Ojos Rojos y la del Bebé Dragón. Aunque esa es para niños pequeños.

El hombre sonríe con indolencia.

-Iremos a donde quieras. Te lo prometí.

 

Y Mokuba casi salta de felicidad.

 

[-----------------------]

 

Seto está demasiado cabreado como para ser considerado. Katsuya había negado su relación con él. Eso era un insulto demasiado grande (pero no dolía, no. No se sentía rechazado. Sólo insultado). Así que sigue a Yugi y a Jouno cuando salen de la atracción y está a punto de darles alcance cuando le hablan por el comunicador.

-Señor Kaiba, perdone que le moleste. Pero nos gustaría saber si tenemos que atender al señorito Mokuba de alguna forma especial.

-¿A Mokuba?

-Sí, señor. Ha venido al parque también. Aunque ha entrado como cliente. Pagando su entrada y todo.

 

Eso es imposible. Mokuba le dijo que había quedado con unos amigos del colegio. Y que iban al cine o algo así. Y su hermano nunca le mentía. Nunca.

A no ser que quisiera conseguir algo que él le negaría de inmediato.

-Díganme donde han visto a mi hermano por última vez.

-Saliendo del Dragón Blanco, señor.

Seto corta la comunicación sin dignarse ni a despedirse y gira sobre sus pasos.

 

“Oh, Mokuba”- Piensa con su ira alcanzando cuotas impresionantes –“Vas a estar castigado un mes como mínimo”

 

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-Jouno-kun, ¿estás bien?- Le pregunta Yugi. Katsuya sale de sus pensamientos al oír su voz.

-¿Qué? Sí, sí… estoy genial. Me lo estoy pasando de fabula, este sitio es increíble. A pesar de quien lo ha construido.

 

La cara de Jouno vuelve a quedar seria, quizás algo triste, y Yugi se preocupa aun más. Como amigo, puede imaginarse cualquier cosa que preocupe a Jounoichi. Como novio, es todo demasiado extraño. Demasiado incómodo.

 

Con Anzu también todo resultó demasiado incómodo. Y fue extraño, porque salir con Anzu era lo que siempre quiso en su adolescencia. Pero cuando lo consiguió ya todo había cambiado. Habían sucedido demasiadas cosas. Habían pasado muchas situaciones. Atem se había ido.

Y Anzu y Yugi lo echaban mucho de menos. Tanto que necesitaban hacerse compañía mutuamente.

 

No queriendo pensar más en cosas dolorosas, decide que tiene que animar a Jouno. Así que lo agarra de la muñeca y tira de él.

-¿Sabes que hay nuevas montañas rusas? Vamos a probarlas.

 

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Esto no puede ser verdad. Oh, no. No puede ser verdad. Que alguien le diga que no es verdad. Que le despierten. O que lo maten.

No, matarlo no. Que sino no se puede vengar.

-Mokuba, explícame que estás haciendo.

-Hermano, a mi me parece bastante claro. Iba a subirme en el Dragón Negro.

-¿Qué haces aquí con esto?- Gruñe, señalando al acompañante de su hermano. A ese desperdicio de la humanidad. Ese cerdo. Ese… ese… monstruo.

-Hola, Kaiba.

-No estoy hablando contigo, Pegasus. Estoy hablando con mi hermano de catorce años. Catorce. Por si no lo sabías.

 

Mokuba rueda los ojos. Precisamente había intentado evitar ese encuentro a toda costa. Que mala suerte había tenido.

-Estamos teniendo una cita.- Una vena palpita visiblemente bajo el flequillo castaño de Kaiba. Seguramente podría reventar de la tensión acumulada.

-Mokuba, incluso si pudiera ignorar el hecho de que este maníaco no te dobla la edad y que es algo ilegal, que créeme, no puedo, me aparece que se te olvida un pequeño detalle. Te secuestró.

-Oh, Seto, no empecemos.

-¡Te secuestró!

-siempre has sido un poco rencoroso, Kaiba. Yo ya me he disculpado por ese terrible incidente con Mokuba. No estaba en mis cabales.

-Es un menor, bastardo.- Gruñe, agarrando el cuello de su camisa. –Un menor al que secuestraste.

-¡Seto, basta!- Suplica el niño, intentando que lo suelte.

-¿Kaiba?

-¿Pegasus?

 

Cuando se giran, ven a Honda y Otogi, ambos armados con algodón de azúcar, mirándolos con sorpresa.

-¡Pegasus! ¿Te llegó el último correo que te mandé?

-Oh, sí, sí, Ryuuji. Aun tengo que estudiarme todos los bocetos que me mandaste, peor me ha gustado mucho.

-Anda, si estás aquí también, Mokuba. ¿Quieres?- Le ofrece Hiroto un poco de su dulce.

-Estamos ocupados aquí- Gruñe Seto. De verdad que esos imbéciles no pueden ser más inoportunos. Se notan que son amigos de Yugi.

-¿Honda-kun? ¡Honda-kun!

 

Todos los ojos se dirigen hacia la voz de Yugi, que se acerca trotando felizmente con Jounoichi a su espalda.

-¡Anda, si también está Otogi y los Kaiba!

-¡Otra vez Kaiba! ¡Déjame, tranquilo!

-Ahora no estoy aquí por ti, Jounoichi- Le espeta Seto. Dios, va a reventarle la cabeza

-¿Cuándo te encontraste con Kaiba-kun?- Pregunta el más pequeño. Jouno no le hace caso porque de repente se da cuenta de verdad que Honda y Otogi están ahí. Juntos.

-¿Por qué habéis venido al parque vosotros dos?- Pregunta con sospecha. Con semanas de sospecha en realidad.

-Teníamos… entradas de una… promoción…

-No hay promociones por estas fechas- Comenta Mokuba. Honda casi se pone a llorar.

-¡Lo sabia, sabía que había alguien más y por eso dejaste a Shizuka! ¡¿Pero Otogi?!

-¿Qué pasa conmigo?- Se indigna el moreno.

-Oid, si estais ocupados Mokuba y yo os dejaremos solos y seguiremos con nuestra visita- Propone Pegasus. Seto vuelve a sujetarle de la camiseta.

-Por encima de mi cadáver te quedas tú a solas con mi hermano, pervertido.

-¡Seto, estás exagerando! Sólo vamos a dar una vuelta.

-Mokuba, te secuestró. Te encerró en una celda y te encadenó a una pared.

-¿Quieres olvidarte de eso?

-No, no quiero. ¿Quieres entenderle tú? Te encadenó. Con grilletes.

 

El adolescente bufa, como si estuviera harto de las locuras de su hermano. Seto hace una nota mental de castigar a Mokuba sin salir hasta que tenga más raciocinio. Sobre los treinta y cinco o así.

-Oye, Jouno, ¿cuándo viste a Kaiba-kun?

-Lo abordé en la Casa de las Ilusiones para que me dijera porque está saliendo contigo?

-No te metas en mi vida, Kaiba.

-Tú tienes una relación conmigo- Le increpa. Todos miran a Jouno con los ojos muy abiertos y él se pone rojo.

-¡No tengo ni he tenido una relación contigo, Kaiba!

-Que no nos hayamos visto en un mes no significa que nuestra relación haya acabado.

-¡Que no existe ninguna relación!

-Seto, ¿has estado saliendo con Jounoichi y no me lo dijiste?- Mokuba lo mira con ojos grandes y dolidos. Su hermano no cae en eso.

-Sí, Mokuba. Al gula que no me contaste que te veías con un pedófilo.

-¡SETO!

-Kaiba mi relación con Mokuba no ha tomado ningún cariz sexual.

-Cierra la boca.

-Nosotros mejor nos vamos- Susurra Otogi, agarrando a Honda del brazo.

-¡Vosotros no os movéis de aquí!- Amenaza Jouno.

-¡BUENO, BASTA YA!

 

Todos se quedan callados al instante. Porque no es muy común que el pequeño Yugi Motou grite de esta manera. Aunque no parece enfadado ni alterado. Sólo confuso y quizás algo agobiado.

-No estamos solucionando nada aquí. Relajémonos y… ya… ya hablaremos.

 

Agarra a Katsuya y tira de él hacia la salida. Seto les lanza una mirada furibunda, pero no dice nada. Mokuba y Pegasus es algo más problemático en ese momento.

-¡Jounoichi, mañana te llamaré te lo prometo! ¡Y te lo explicaré todo!- Le grita Honda, algo culpable.

 

Cuando están fuera, Katsuya no puede mirar a Yugi directamente a los ojos.

-Yugi, Kaiba y yo… No tenemos nada. Nos hemos visto pero… no era nada serio. Y fue antes de que tú yo…

-Lo sé, Jouno-kun- Cuando lo mira, se da cuenta que está sonriendo. –Pero tú y yo tenemos que cortar.

-¿Por qué?

-Porque somos amigos. Y no podemos ser nada más.

Y en su mente se acuerda de Anzu y de que tampoco pudo ser nada más con ella. Y de lo mucho, muchísimo, que echa de menos a Atem.

 

Jouno se siente triste y aliviado a partes iguales. Y odia eso. Siente que le ha fallado a Yugi. Se siente como un imbécil. Pero el pequeño le da una palmada en el hombro, para animarlo.

-Deberías hablar con Kaiba. Creo que le gustas.

-Kaiba sólo se gusta a si mismo, Yugi.- Rumia.

-Venga, no seas así. Te invito a una hamburguesa.

Jounoichi le devuelve la sonrisa.

 

Juntos se alejan del parque de atracciones. No se lo habían pasado tan mal, en le fondo.

Aunque mañana sería un día muy largo.

 

End




Este reto pedía cuatro parejas crack. Me ha costado mucho darle forma, pero el final me resultó muy divertido, todas esas discusiones. Además, tenía que basarme en la frase del principio, de George Bernard Shaw. Yo creo que quiere decir que no puedes esconder las cosas por siempre y que tarde y temprano se descubrirán, así que lo mejor que puedes hacer es manejar la situación. Si puede ser, con humor.

No está muy bien beteado, pero eso ya lo haré otro día.
Tags: comunidad: crack&roll, fandom: yu-gi-oh, fanfic
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