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Reto "Fiesta"


Bueno, voy con el tiempo justo para publicar este reto a tiempo. Está sin betear, aviso. Luego lo edito.

Dotación anual de Crack

Comunidad: Crack&Roll
Reto: Fiesta
Fandom: Beyblade
Claim: Kai/Takao
Palabras: No sé cuantas, pero supero la mínima de 500 sin problemas.
Título: No siempre preparar la fiesta es lo más divertido.
Summary: Dicen que es más divertido preparar una fiesta que la propia fiesta en sí. Takao Kinomiya no cree eso.
Advertencias: Shonen Ai, OoC al extremo, intento de Crack (que me ha quedado super soso). Puede considerarse AU o no, porque no hago referencias exactas. Pero para mí lo es.


No siempre preparar la fiesta es lo más divertido.

 

“Bien”- Pensaba Takao en un intento de tranquilizarse. – “Vamos un poco justos de tiempo, pero se puede hacer”

¡Crash!

-¡¡MAX!!- Gritó con horror. -¡¡¿Qué has roto ahora?!!

-Un vaso…- Le llegó desde la cocina.

-Tranquilízate, Takao.- Dijo Rei desde lo alto de una escalera de mano mientras colgaba la pancarta que ponía “Feliz Cumpleaños, Kai”

-¡Estoy tranquilo!- Chilló dando un respingo. Viendo que el tono de su voz contradecía sus palabras, respiró profundamente un par de veces y repitió. –Estoy tranquilo. Quiero decir, ¿por qué no debería estarlo? Sólo porqué la tarta llegue tarde, Yuriy y los demás no dan señales de vida y deberían de haber llegado hace media hora, aun no he ido a recoger el regalo de Kai, la casa no está lista y él podría llegar en cualquier momento si le da la gana aunque le dije que no viniera a verme hasta las seis… No hay motivos suficientes para no estar tranquilo…

-Venga Takao, ya veras que todo sale bien… ¡Ups!- Decía Kyouji apartando su boca del globo que llevaba más de media hora intentando inflar. Este se escapo de sus manos y haciendo un ruidito de `pssssssssst´ y aterrizó en la cabeza de su cabeza.

 

Takao suspiró derrotado. ¿Quién le mandaba a él meterse en semejante berenjenal? Prepararle una fiesta sorpresa de cumpleaños a su novio. ¡A Kai Hiwatari! Si eso ya era un suicidio… Pero encima prepararla en menos de tres días y con esa pandilla.

Le costó horrores averiguar cuando era el cumpleaños de Kai (menos mal que pudo robarle el carné de la biblioteca para verlo) y casi le da un paro cardiaco al ver que quedaba tan poco.

Así que a contrarreloj empezó a organizarlo todo. Primero contactó con la panda de rusos psicópatas amigos de Kai (y también suyos, pero con lo que se metían con él, no iba a admitirlo muy abiertamente) y suplicó, lloró y chantajeó con cierto video de una noche de borrachera donde una falda hawaiana había sido la protagonista incuestionable para que asistieran.

Después tuvo que pelearse con el de la librería para que le consiguieran en menos de dos días, cuando solían tardar una semana, el libro de “Obras maestras de Poe” (Kai se había quedado con las ganas de comprarlo y un malhumor de dos días hacía unos meses), comprar todo lo necesario para decorar su casa para la fiesta, encargar la tarta y vigilar que Max y Kyou no le destrozaran el piso.

¿Y todo para que? Para que su casa de todas formas terminara destrozada por la torpeza del rubio, la tarta fuera con una hora de retraso, los rusos anduvieran desaparecidos en combate y los de la librería aun no le llamarán para recoger el paquete.

-Kyou, ¿seguro que les mandaste por e-mail el mapa para llegar del aeropuerto hasta aquí a Yuriy?- Preguntó por décima vez mientras le devolvía el globo.

-Sí, Takao, te lo juro. Cogí el mapa que me hizo Max. Ya sabes lo acostumbrado que está de ir de aeropuerto en aeropuerto para ir a ver a su madre.

 

Takao iba a comentar algo sobre dejar que Max hiciera mapas no era como para quedarse tranquilo precisamente, pero el teléfono sonó y fue a cogerlo enseguida.

-¿Kinomiya-san? Somos de la pastelería Yamare. Su encargo ya está listo.

-¡Estupendo voy para allá!- Gritó antes de colgar -¡Rei, la tarta ya está! Ve me voy a recogerla y de paso voy a la librería. ¡Vigila todo en mi ausencia!- Pidió antes de salir como una exhalación, dejando en claro que “todo” quería decir “Max”.

 

[-----------------------]

 

La Pastelería Yamare era una de las mejores de la ciudad y hacían una tarta de crema de avellanas y almendras que era el único dulce que Takao había visto comer a Kai sin obligarlo y que después presentara todos los síntomas de una indigestión (Mal humor, ceño fruncido y sólo abrir la boca para soltar gruñidos inteligibles)

El caminó de media hora hacía el lugar lo hizo en quince minutos y sin ningún contratiempo. Bueno, chocó contra dos abuelitas y un perro, pero nada más. Cuando cruzó por el umbral, se quedó bastante sorprendido ante la gran cantidad de gente haciendo cola para recoger su tarta. Había caras molestas, miradas exasperadas al reloj y algún que otro bufido.

 

A los diez minutos de estar en la cola, Takao entendió porque tanta exasperación en el ambiente.

El dependiente era un torpe de narices.

-Aquí está su pedido, Nakayama-san. Espere que la meta en la caja… Vaya, se me ha caído. Creo que tendré que ir a por otra al almacén…

Takao se había aburrido tanto esperando en la cola a que llegara su turno, que se puso a calcular el tiempo medio que tardaba ese hombre en atender un cliente -unos ocho minutos y medio- y Takao detesta hacer cualquier cosa remotamente parecidas a las matemáticas.

 

Cuando por fin la señora Nakayama consigue llevarse sus pastelitos de crema colocados ordenadamente en la caja, le tocó el turno para que le atendieran. Su paciencia en esos momentos se encontraba en los límites de reserva.

-Buenas tardes. Venía para recoger un encargo a nombre de Kinomiya.

-Bienvenido a la Pastelería Yamare, Kinomiya-san.- Dice con una voz lenta y pausada. Viéndolo de cerca, podía apreciar que tenía los ojos caídos y la mirada perdida. -¿En que puedo ayudarle?

-Mi encargo.- Repitió apretando un poco los dientes –Vengo a recoger mi encargo.

-¿A nombre de quien, Kinomiya-san?

-De Kinomiya.- Soltó en un susurro chirriante -Takao Kinomiya.

-Espere aquí un momento, Kinomiya-san. Enseguida se lo traigo.

 

Se fue para la parte de la trastienda arrastrando los pies, dejando al moreno pensando en actos asesinos que liberarían al mundo de semejante crimen contra los nervios. Una llamada al móvil ayudó a alejar sus futuros planes homicidas de su cabeza. Por un minuto temió que fuera Rei advirtiéndole de que algo terrible había pasado y que cuando volviera a su piso se lo encontrara ardiendo o algo parecido, pero el nombre en la pantalla le alegró el día, para variar.

-¡Yuriy! Dime que ya has llegado al apartamento, por favor. –Suplicó.

-Verás…- Sonó una especie de forcejeo, y luego el típico eco cuando se pone el manos libres.

-¡¿Y como demonios íbamos a hacerlo con el mapa que nos mandasteis?!- Gritó una voz que reconoció como la de Spencer. Parecía muy molesto. -¡Terminamos en una granja de vacas!

Definitivamente, iba a matar a Max. Luego lloraría muchísimo en el funeral, pero muerto acababa.

-Por Dios decidme que no vais a tardar mucho en llegar.

-Por suerte para ti y tu estúpida fiesta, nos hemos cruzado con un señor muy amable que va a llevarnos a la ciudad en menos de una hora, porque va a correr mucho si sabe lo que le conviene.- Escuchó la voz de Boris de fondo, derramando malas intenciones en cada fonema.

-¡¿Qué le estáis haciendo a ese pobre hombre?!

-Nada, nada. Simplemente estoy limpiando mi revolver del 45 en el asiento del copiloto.

-Es un gran incentivo- Argumentó Ian, quien parecía terriblemente divertido.

-Por favor, no provoquéis un desastre hoy. No me apetece que Kai sople las velas en la cárcel, mientras tenemos que pagaros la fianza.

-Kinomiya-san, su tarta.

-Eh…- Vio que el Señor-OjosCaidos había vuelto con una tarta en sus manos. Una tarta de fresa con las palabras “Happy Birthday, Kairi”. Sintió como las sienes le palpitaban de dolor y enfado. –Un momento, chicos… Esa no es mi tarta.

-Pero es la que encargó Kinomiya-san.

-Pero no es la que yo pedí. La mía era de avellanas y almendras y ponía “Felicidades, Kai”

-¡Oye, Kinomiya, que tienes que decirnos la carretera para llegar a la ciudad! ¿Para qué te crees que hemos llamado?- Gritaba Boris

-Está tarta tenía al lado la tarjeta con el nombre de Kinomiya-san, así que tiene que ser suya.

-… Kinomiya, tenemos que tomar el desvío en quince kilómetros. Dinos, la A98 o la A95.- Decía Yuriy.

-… así que voy a guardársela en la caja, porque esta es su tarta…

-¡Kinomiya, contesta!- Gruñó Spencer

-Kinomiya-san…

-¡¡Callaos la puta boca!!- Explotó, gritando tanto al dependiente como a su teléfono móvil. –Vosotros, coged la jodida A95, que es la única que entra a la ciudad.- Les dijo a los rusos, que se habían quedado extraña y mortalmente callados (seguramente ante la sorpresa de que el buenazo de Takao pudiera poner esa voz de asesino en serie) –Tú, vas a entrar ahí dentro y vas a traer la tarta de avellanas y almendras que encargué, o te juro por lo que más quieras que te hago tragar todo el azúcar de este lugar hasta lograr que la sangre se te condense en las venas.

El dependiente abrió mucho los ojos, lo que fue ya una indicación de que sus palabras habían tenido efecto, y se metió en la trastienda en menos de dos segundos.

 

Cuando Takao pudo recuperar el control de su respiración, empezó a sentir el aguijón de la culpabilidad por haber pagado su estrés contra otros. La pastelería había quedado mortalmente en silencio y notaba todas las miradas clavadas en su nuca.

-En fin…- Carraspeó. –Si no necesitáis nada más, cuelgo chicos.

Y antes de cortar la llamada, juraría que escuchó a Boris decir “Sí al final va a caerme bien el enano y todo”

 

El dependiente volvió con la tarta correcta con la inscripción correcta.

-¿Esta, señor?

-Sí, esa- Intentó contestar con naturalidad. Recogió la caja, pagó y se fue intentando no mirar a nadie.

 

Aunque sonrió cuando escuchó aplausos de los otros clientes al cruzar la puerta

 

[-----------------------]

 

La tienda de libros estaba a dos manzanas de su casa. Takao odiaba ir allí y no sólo por que no fuera muy asiduo a la lectura (que también) sino porque el dueño era un auténtico imbécil. Siempre que entraba para acompañar a Kai, le miraba su gorra y sus pantalones anchos con desaprobación, creyendo firmemente que la ropa que llevara fuera un indicador de que era un delincuente en potencia. ¡Cómo si hubiera algo allí que valiera la pena robar!

 

Se dirigió al mostrador, con la caja en una mano y el mal humor acumulado en todo el día en la otra.

-Buenos días, Matsuda-san. ¿Ha llegado ya el pedido que le mandé?

-¿Le he llamado para avisarle de que ha llegado el pedido, Kinomiya-san?- Le dijo con una sonrisa déspota y totalmente falsa.

-No, pero me dijo que llegaría hoy.

-Pero si no le he avisado, es que no habrá llegado.

 

Apretó el puño en un intento de no agarrarlo de su pescuezo de tortuga.

-¿No suelen traer los pedidos los viernes?- Preguntó, con un siseo parecido al de una víbora a punto de atacar.

-Sí, así es. Pero aun no las he abierto todas.

-¿Y porque no va a mirar?

- Porque estoy atendiendo la librería. Pero en cuanto tenga un momento, lo buscaré y lo llamaré para que venga a recogerlo.

-¡Pero si ya estoy aquí!- Rugió perdiendo los estribos. -¡No voy a volver dos veces porque es incapaz de ir a mirar un par de cajas en cinco minutos! ¿No entiende que me corre prisa?

-No sea tan egocéntrico para pensar que el resto del mundo tiene que adaptarse a sus necesidades, muchacho.

 

Takao no era la persona más bienhablada ni con los mejores modales, pero su abuelo le había enseñado un mínimo de educación. En ese momento, ese viejo había logrado que tirara su mínimo de educación a la basura.

-Escúchame, capullo.- Escupió con un tono de voz cargado de veneno, inclinándose sobre el mostrador apoyado en su mano libre, que estaba tan crispada que arañó la superficie con las uñas –Quiero ese libro y lo quiero ya, porque para algo lo he pagado. Así que puedes ir sacándote el palo por el culo y registrar las putas cajas, o te lapidaré con todos los diccionarios que tengas por aquí.

 

Quizás su cara había resultado más amenazante y psicópata de lo que creía, porque el hombre mayor se puso lívido y, aunque intentando aparentar dignidad, se dirigió al almacén.

 

Con el dependiente torpe, Takao se sintió un poco culpable de haber pagado su mal humor con él y asustarlo de esa forma. Con esté, sólo sintió una enorme satisfacción. Y cuando el tipo volvió con el libro entre sus manos y lo despachó enseguida, diciéndole que no quería volverlo a ver en su tienda, pensó con cierto agrado que empezaba a comprender por que Kai y la pandilla rusa se gastaban ese carácter de mil demonios.

 

Todo resultaba mucho más fácil.

 

[-----------------------]

 

Cuando volvió a su apartamento y abrió la puerta, temeroso de encontrarlo todo siendo pasto del humo y el fuego porque Max había empezado a jugar con cerillas y nadie había logrado detenerlo a tiempo, se llevó una grata sorpresa.

 

La casa estaba completamente decorada. La pancarta del “Feliz Cumpleaños, Kai” colgaba entre dos cuados del salón, enfrente de una mesa llena de ganchitos, patatas y refrescos. Había globos por los rincones y serpentinas colgando de la lámpara.

-¡Ostras, tíos! Ha quedado genial.- Alabó mientras sacaba la tarta de la caja y la dejaba en el centro de la mesa.

-Danos las gracias, imbécil- Escucho una voz de la cocina. Boris salía con una fuente de Dorayakis en las manos, seguido de Yuriy, Ian y Spencer.

-¡Habéis llegado!- Fue a darles un abrazó, pero el puño de Boris en su cabeza lo detuvo -¡Leches, eso ha dolido!

-Para que aprendas a no gritarnos por teléfono- Le contestó. –Es muy efectivo. Se lo hice también a tu estúpido amigo rubio para que no volviera a equivocarse al hacer mapas.

-Siento mucho haberme puesto así. Es que estaba muy estresado.

 

Yuriy, con su cara tan seria como siempre, le contestó un simple “No importa, Kinomiya” y el asunto quedó zanjado.

-¿Y Max?- Preguntó sin ver donde estaba su rubio amigo. Kyouji, que volvía del cuarto que se usaba de despacho con más sillas para que todos pudieran sentarse, le contestó.

-Le hemos mandado a que vigile para que nos avise cuando vea llegar a Kai.

-Así lo manteníamos lejos de todas las cosas que se rompen.

-Estupenda idea

 

Takao cogió un poco de papel para envolver regalos que tenía guardado en un cajón y se puso a forrar el libro. Cuando terminó, lo coloco en la mesa, junto a la tarta y los demás hicieron lo mismo.

En ese instante, Max entró por la puerta como un huracán.

-¡Ya está aquí, está subiendo por las escaleras!

-¡Rápido, apagad las luces! ¿Dónde están las velas?- Pidió Rei.

-¡Las tengo yo!- Contestó el rubio, dándoselas en la mano. Rei las coloco sobre la crema de almendras y las encendió con unas cerillas. Kyou apagó las luces y la estancia quedó sólo iluminada por el chisporroteó de las llamas.

-¿No son unas velas un tanto extrañas?- Pregunto Boris, viendo como desprendían chispas de colores.

-Shuu, silencio, ya viene.- Le cortó Takao, sin hacerle caso. Después de tres largos días de estrés y problemas, por fin todo había salido bien.

 

Escucharon el pomo girarse y a Kai descalzándose en al entrada.

-Takao, ¿por qué está todo a oscuras?

-¡SORPRESA!

¡PUM!

 

Nadie puede asegurar como pasó. En un momento estaban gritando y encendiendo las luces, admirando la cara de perplejidad de Kai, que claramente decía “¿Cómo demonios se han enterado de que es hoy?” y un momento después sonó un fuerte ruido y estaban los invitados, los regalos, la pancarta y el salón entero cubiertos de bizcocho y avellanas.

-Vaya- Se escuchó la voz de Max, toda inocencia, después de un momento de silencio. –Creo que me equivoque y compré petardos en lugar de velas.

-¡MAX, VOY A MATARTE!

 

Rei y Spencer tuvieron que agarrar a Takao para que no le saltara al cuello. Yuriy y Ian hacían lo mismo con Boris, que insistía en sacar su calibre 45.

-¡Todo arruinado! ¡Tanto trabajo para nada, tú, pedazo de imbécil…!

 

Pero un sonido, suave al principio y después más y más fuerte, rompió el alboroto. Todos los presentes giraron sus cabezas, no creyendo muy bien lo que estaban oyendo y necesitando comprobarlo con sus ojos.

Kai Hiwatari estaba riéndose a carcajadas. Era la primera vez (y seguramente la única) que lo veían inclinado sobre si mismo, agarrándose el estomago y sin poder parar de reír. De acuerdo que tenían que tener un aspecto muy gracioso, llenos de pastel hasta el pelo e intentando matarse entre ellos… ¡Pero era Kai Hiwatari!

 

Takao lo había visto de buen humor, que era prácticamente la misma cara pero sin el entrecejo fruncido. Lo había visto sonreír y alguna vez hasta lo había visto reírse. Pero nunca, jamás, lo había visto desternillarse a carcajada limpia, sin poderse contener. Era increíble y surrealista a la vez.

 

Bueno. Quizás todo lo pasado había servido para algo.

Takao volvió a mirar el desastre a su alrededor.

Quizás, pero no seguro.

 

End.
 



EDIT: Uff, que estres he tenido para subir este reto, entre el Baby Bang y que tenía que estudiar. Ya está entero beteado por mí. Osease, mal beteado XD

Seguramente la gente se estará preguntando como es que he hecho un fic de una serie cuyo fandom está tan inactivo. Todo empezó hace ya un par de años, donde prometí a unas chicas escribir unos cuantos KaiTakas para una actividad, pero no pude cumplirlo por culpa de la facultad. este fic se quedó estancado y ya no lo volví a coger. Cuando leí las exigencias del reto "fiesta" (comedia y momentos antes de una fiesta) me acordé automaticamente de él y me pareció un buen momento para terminarlo, ya que me hacía gracia aunque fuera muy tonto.

Claro que lo he hecho a las prisas y no he tenido la inspiración de mi parte -___-

Tags: claim: kai/takao (kaitaka), comunidad: crack&roll, fandom: beyblade, fanfic
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